El sábado por la noche compartí con una amiga muy querida su hermosa fiesta de quince. El festejo fue en su casa, que de un día para el otro se había convertido en la cuna de las fantasías más bellas e inocentes. Una gran carpa cubierta de telas, iluminada con luces verdes. La pileta a un costado, inundada de flores y plantas silvestres. La entrada, un camino de velas con las plumas de un indio que recibía a los invitados. Todo era de ensueño, muy propio de la cumpleañera. Todo indicaba fantasía, elegancia, sobriedad y muy buen gusto.
De pronto las cortinas que cubrían el parque detrás de la pileta se abrieron. Allí estaba, ella, la princesa Pauli, sentada en un hermoso asiento de hierro blanco cubierto de flores y mariposas. Detrás de ella un hada se balanceaba en una hamaca de flores y naturaleza. Un poco más a su derecha se erigía un hermoso biombo blanco en el cual se entrelazaban plantas y algunas mariposas. El Capitán Garfio observaba la fiesta desde allí. Una pequeña hada revoloteaba cerca de la princesa, curioseando y mirando maravillada a los espectadores. Todo estaba cubierto con flores, plantas y más mariposas. Más al costado, cerca de la pileta, estaba el personaje que indicaba que realmente todo era una fantasía. Allí estaba Peter. Peter Pan. Sonriendo, como el niño de catorce años que realmente es. Parado de tal forma, que demostraba que nunca iba a crecer. Y no iba a crecer.
Pauli llevaba puesto un vestido blanco purísimo con un hermoso lazo verde ancho a la altura de la cintura que le daba un toque perfecto al vestido.
Ella sonríe y su felicidad nos llega a lo más profundo. Ella era feliz. Ella es feliz.
La fiesta fue muy linda, y giró en torno a la temática de la película "Descubriendo el Pais de Nunca Jamás" (vale aclarar que tengo cierta obsesión con todo lo relacionado con Peter Pan. Creo que es el personaje que definitivamente AMO de Disney...). Es por eso que estaba colgado el aplique de plumas que Johnny usa en la película cuando se disfraza de indio, que todo estaba iluminado con luces verdes, que había arreglos florales por todas partes, y que Pauli hizo semejante entrada. De verdad que lo disfruté muchísimo y quedé encantada con la temática (ojalá a mí también se me hubiera ocurrido!). Los souvenirs fueron libros (sí, también quedé maravillada!). Elegí "Todo el amor" de Pablo Neruda, y mamá eligió (para mí) "El Juguete Rabioso" de Roberto Arlt. Además pude compartir con Pauli SU noche, recibir una vela (qué emoción!), hacerle un video muy simpático (aunque después me dio un poco de vergüenza...), y simplemente estar con ella. Realmente me encantó.
martes, 18 de diciembre de 2007
lunes, 10 de diciembre de 2007
Inner workings
***
Uno, dos, tres. Entra aire, aquel músculo cobra vida. Cuatro, cinco, seis. Se mueve, se nutre, camina y mira. Siete, ocho, nueve, diez. Tiene vida.
El hombre es una máquina perfecta, había dicho un biólogo -que tal vez era filósofo- hacía años. Respira, y porque respira se nutre, y porque se nutre late su corazón, y porque su corazón late, vive, y porque vive ama. Y ella, entonces, no se sentía perfecta en absoluto. Sí, respiraba. También se nutría. Y por suerte su corazón latía, vivía. Pero no amaba. O al menos eso sentía.
¿Qué es el amor? Esa pregunta daba muchas vueltas, y nunca encontraba una respuesta coherente. Es la cosa más linda del mundo, le habían dicho. Es ser feliz con otra persona, había escuchado alguna vez. Es entregarse por el otro, creía haber escuchado de algún ferviente cristiano. Pero, ¿qué era en realidad?
Ya estaba agotada de falsas imágenes, llenas de corazones y rostros felices. Sabía muy bien que amar implicaba sufrir, y mucho. Pero no lo sabía por experiencia propia. Qué utopía había sido la suya cuando creía que el amor a primera vista existía! Y que tonta se había sentido cuando la amaron, y ella no pudo amar de vuelta. Sí inclusive a veces sentía que su corazón era simplemente una piedra... Lastimaba a los demás, y no podía hacer nada al respecto. No amaba... Simplemente no podía.
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Uno, dos, tres. Entra aire, aquel músculo cobra vida. Cuatro, cinco, seis. Se mueve, se nutre, camina y mira. Siete, ocho, nueve, diez. Tiene vida.
El hombre es una máquina perfecta, había dicho un biólogo -que tal vez era filósofo- hacía años. Respira, y porque respira se nutre, y porque se nutre late su corazón, y porque su corazón late, vive, y porque vive ama. Y ella, entonces, no se sentía perfecta en absoluto. Sí, respiraba. También se nutría. Y por suerte su corazón latía, vivía. Pero no amaba. O al menos eso sentía.
¿Qué es el amor? Esa pregunta daba muchas vueltas, y nunca encontraba una respuesta coherente. Es la cosa más linda del mundo, le habían dicho. Es ser feliz con otra persona, había escuchado alguna vez. Es entregarse por el otro, creía haber escuchado de algún ferviente cristiano. Pero, ¿qué era en realidad?
Ya estaba agotada de falsas imágenes, llenas de corazones y rostros felices. Sabía muy bien que amar implicaba sufrir, y mucho. Pero no lo sabía por experiencia propia. Qué utopía había sido la suya cuando creía que el amor a primera vista existía! Y que tonta se había sentido cuando la amaron, y ella no pudo amar de vuelta. Sí inclusive a veces sentía que su corazón era simplemente una piedra... Lastimaba a los demás, y no podía hacer nada al respecto. No amaba... Simplemente no podía.
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