***
Uno, dos, tres. Entra aire, aquel músculo cobra vida. Cuatro, cinco, seis. Se mueve, se nutre, camina y mira. Siete, ocho, nueve, diez. Tiene vida.
El hombre es una máquina perfecta, había dicho un biólogo -que tal vez era filósofo- hacía años. Respira, y porque respira se nutre, y porque se nutre late su corazón, y porque su corazón late, vive, y porque vive ama. Y ella, entonces, no se sentía perfecta en absoluto. Sí, respiraba. También se nutría. Y por suerte su corazón latía, vivía. Pero no amaba. O al menos eso sentía.
¿Qué es el amor? Esa pregunta daba muchas vueltas, y nunca encontraba una respuesta coherente. Es la cosa más linda del mundo, le habían dicho. Es ser feliz con otra persona, había escuchado alguna vez. Es entregarse por el otro, creía haber escuchado de algún ferviente cristiano. Pero, ¿qué era en realidad?
Ya estaba agotada de falsas imágenes, llenas de corazones y rostros felices. Sabía muy bien que amar implicaba sufrir, y mucho. Pero no lo sabía por experiencia propia. Qué utopía había sido la suya cuando creía que el amor a primera vista existía! Y que tonta se había sentido cuando la amaron, y ella no pudo amar de vuelta. Sí inclusive a veces sentía que su corazón era simplemente una piedra... Lastimaba a los demás, y no podía hacer nada al respecto. No amaba... Simplemente no podía.
***
lunes, 10 de diciembre de 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)



No hay comentarios:
Publicar un comentario